Solo el 15% de las empresas en Marruecos están dirigidas por mujeres, el 15% no es un techo, es un síntoma.

Cuando leo que solo el 15% de las empresas en Marruecos están dirigidas por mujeres, no siento que esté ante una simple estadística. Siento que estoy ante un diagnóstico. Un termómetro que mide la temperatura de algo más profundo: la distancia entre el talento femenino disponible y las oportunidades reales que una sociedad está dispuesta a ofrecer.

No se trata de una incapacidad femenina. Cualquier observador honesto sabe que las mujeres marroquíes llevan décadas siendo el motor silencioso de la economía informal, de la gestión doméstica, del pequeño comercio y de la educación de la siguiente generación. El problema no es la falta de capacidad, sino la falta de condiciones.

Las tres paredes invisibles.

Desde mi perspectiva, este 15% revela tres barreras estructurales que pocas veces se nombran en los informes oficiales.

La primera es la doble jornada. En Marruecos, como en gran parte del mundo, sigue recayendo sobre las mujeres la responsabilidad casi exclusiva del cuidado de hijos, personas mayores y el hogar. Intentar construir una empresa cuando tu día laboral empieza dos horas antes de salir de casa y termina tres horas después de volver es sencillamente agotador. No es falta de ambición; es falta de tiempo.

La segunda barrera es el miedo al riesgo financiero. Las mujeres acceden menos al crédito bancario, y cuando lo hacen, suelen pedir cantidades más pequeñas y con más garantías personales. La razón no es que sean menos emprendedoras, sino que el sistema financiero sigue premiando redes de contactos y avales que históricamente han estado en manos masculinas. Emprender sin colchón financiero es una apuesta que pocos hombres aceptarían, y sin embargo se le pide a ella.

La tercera es la invisibilidad de los referentes. Un chico joven en Casablanca o Tánger crece viendo hombres al frente de empresas, fábricas y proyectos tecnológicos. Una chica, en cambio, ve mujeres en puestos de apoyo, administración o recursos humanos. Para liderar una empresa, primero hay que poder imaginarse en ese lugar. Y si nadie como tú lo ha hecho antes, la imagen cuesta más trabajo construirla.

No es resignación, es transformación en marcha.

Ahora bien, no quiero que este artículo suene a lamento. Porque si he aprendido algo al observar el caso marroquí es que el cambio está ocurriendo, aunque más lento de lo que sería deseable. He visto cooperativas de mujeres en zonas rurales que empezaron vendiendo aceite de argán puerta a puerta y hoy exportan a Europa. He conocido ingenieras que dejaron multinacionales para fundar sus propias startups tecnológicas. He leído sobre asociaciones de mujeres emprendedoras que están creando sus propios fondos de inversión porque los bancos les dieron la espalda.

Ese 15% no es un techo definitivo. Es un dato que duele porque muestra lo que aún falta, pero también lo que ya está en movimiento.

¿Qué haría falta para llegar al 50%?

Desde mi opinión, tres cosas concretas. Primero, políticas públicas que no se queden en discursos del 8 de marzo: guarderías en zonas industriales, líneas de crédito con garantías parciales del Estado para mujeres, y formación en liderazgo financiero desde el instituto. Segundo, un cambio cultural que empiece en casa: educar a hijos e hijas en la misma responsabilidad doméstica para que ella no cargue sola con el doble turno. Tercero, que los hombres que ya lideran empresas entiendan que no es caridad: es inteligencia empresarial. Los equipos diversos toman mejores decisiones y abren mercados que los homogéneos nunca ven.

Mientras solo 15 de cada 100 empresas tengan una mujer al frente, Marruecos estará dejando dinero sobre la mesa, talento sin usar y futuro sin construir. No porque las mujeres no quieran, sino porque el tablero no está diseñado para que ellas jueguen en igualdad.

Pero si algo tengo claro es que las mujeres marroquíes ya no esperan permiso para emprender. Están encontrando atajos, creando redes, financiándose entre ellas y demostrando que el porcentaje puede subir. La pregunta no es si va a subir, sino cuánto vamos a tardar en quitar las barreras que aún lo frenan.

Porque un país con solo el 15% de sus empresas lideradas por mujeres no es un país que haya llegado a su tope. Es un país que todavía no ha desbloqueado su mejor versión.

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Del riesgo al poder: cómo las emprendedoras latinoamericanas están rompiendo el techo del capital.
Durante décadas, el relato del éxito femenino en Latinoamérica solía terminar en la gerencia media o, con suerte, en la fundación de una pyme familiar. Hoy, ese relato está mutando a una velocidad impresionante. Asistimos a un fenómeno silencioso pero revolucionario: mujeres que pasaron de fundar startups tecnológicas a convertirse en las principales inversionistas de la región.

No se trata solo de crear empresas, sino de tomar las riendas del capital. Y eso, en una región donde menos del 5% del capital de riesgo ha ido históricamente a equipos fundados solo por mujeres, es una auténtica disrupción.

El primer salto: emprender con tecnología:
El camino comienza con una generación de mujeres que entendió algo clave: la tecnología no es un sector, es un habilitador. Así nacen Kavak (aunque cofundada por una mujer, su impacto es innegable), Ahí (exits millonarios), Chiwi, Truora o Plata, muchas de ellas con liderazgo femenino en su ADN. Estas emprendedoras no abrieron tiendas de ropa ni consultoras tradicionales. Crearon plataformas, algoritmos y ecosistemas digitales escalables.

Y con la escalabilidad llegó el dinero grande. Por primera vez, mujeres latinas levantaron rondas Serie A, B y C. Empezaron a sentarse en consejos de administración. Dejaron de ser “las chicas con la idea bonita” para convertirse en accionistas mayoritarias.

El segundo salto: de vender a comprar
Pero lo realmente transformador es lo que viene después del exit (cuando venden su empresa o empiezan a generar retornos). Muchas de estas emprendedoras se han dado cuenta de un hecho incómodo: si no invierten ellas, otras mujeres seguirán siendo invisibles para el capital tradicional.

Así nace el femtech venture capital hecho en Latinoamérica. Nombres como Lorena Riera (Mountain Nazca), María Echecopar (ex Canastita), Constanza Larguía (Ex País Digital) o Ana Victoria García (Anncher) están liderando fondos o ángeles inversionistas enfocados en tecnología liderada por mujeres. No por caridad, sino por oportunidad: los datos muestran que los equipos diversos generan mejores retornos.

Estas nuevas inversoras no solo ponen dinero. Ponen experiencia, redes y credibilidad. Saben lo que es llorar por una nómina, negociar con venture capitals que las miran con escepticismo y construir desde cero. Eso es valor incalculable.

El impacto: fortunas propias, economía real:

El resultado es un círculo virtuoso. Mujeres que:

Crean riqueza tecnológica.

La reinvierten en otras mujeres.

Generan más startups tecnológicas.

Producen nuevas inversoras.

Esto está creando las primeras fortunas femeninas autogeneradas en la historia de la región. No heredadas, no fruto de matrimonios, sino del sudor, el código y la visión de negocio.

Y no es un fenómeno menor: en países como Chile, Colombia, México y Brasil, ya hay una masa crítica de mujeres con capacidad de escribir cheques de seis o siete cifras. Eso cambia el balance de poder en los directorios, en las salas de due diligence y, finalmente, en la economía real.

Me parece fascinante, pero también agridulce. Es fascinante porque demuestra que el talento femenino siempre estuvo ahí, solo que faltaban oportunidades y capital. Es agridulce porque todavía es una excepción, no la regla. El 95% del capital sigue en manos de hombres, y el camino para una emprendedora sigue siendo cuesta arriba.

Sin embargo, el simple hecho de que exista una generación de mujeres que pueda decir “yo fui emprendedora, ahora soy inversora” ya es un cambio tectónico. Porque ese ejemplo inspira a decenas de niñas que hoy están aprendiendo Python o finanzas en sus casas.

El futuro de las fortunas femeninas en Latinoamérica no será por herencia. Será por tecnología, riesgo y decisión propia. Y ese futuro, por fin, empieza a escribirse en femenino y en código abierto.

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Mujeres Estadounidenses: ¡Las Jefas del Mañana!

¿Sabías que muchas de las empresas más famosas del mundo fueron fundadas por mujeres? ¡Así es! En Estados Unidos, cada vez somos más mujeres que estámos siguiendo nuestros sueños y creando nuestros propios negocios.

¿Por qué somos tantas mujeres emprendiendo?

¡A ser independientes! Queremos ser nuestras propias jefas y tomar las propias decisiones.
¡Ideas innovadoras! Nosotras a menudo tenemos ideas frescas y creativas para resolver problemas.
¡Creamos y hacemos cambios ! Queremos hacer del mundo un lugar mejor, creando empresas que ayuden a la comunidad.
Estamos creando empresas en todos los sectores, desde tecnología hasta moda ,comida, diseñamos aplicaciones, otras creamos moda,,,
Nuestra curiosidad y la forma en la cual observamos el mundo a nuestro alrededor, piensa en cómo podrías mejorar las cosas.
¡Aprende todo lo que puedas! Lee libros, toma cursos y habla con otras personas que hayan iniciado sus propios negocios.
¡No tengas miedo de equivocarte! Todas cometemos errores, lo importante es aprender de ellos.
¡Cree en ti misma! Tú puedes lograr cualquier cosa que te propongas.
Ejemplos de mujeres empresarias famosas:

Oprah Winfrey: Una de las mujeres más ricas del mundo, comenzó como presentadora de televisión y ahora tiene su propia cadena de televisión y una revista.
Beyoncé: Además de ser una cantante exitosa, Beyoncé es una empresaria que ha creado su propia línea de ropa y cosméticos.
Ariana Huffington: Fundadora del sitio web Huffington Post, uno de los sitios de noticias más importantes del mundo.
¡El futuro es femenino!

Cada vez más mujeres están viendo el emprendimiento como una opción de carrera emocionante y gratificante. Si tienes una idea genial, ¡no la dejes escapar! Con trabajo y dedicación, tú también puedes convertirte en una empresaria exitosa.
#medmonline
#mujeresempresariasdelmundo

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En un mundo cada vez más conectado, las mujeres empresarias están demostrando que la colaboración trasciende fronteras. La reciente creación de la red empresarial Empresarias del Mundo marca un hito en el empoderamiento femenino y el emprendimiento global...
#medm
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Mujeres Empresarias del Mundo es una plataforma de red empresarial que se centra en apoyar y unir a mujeres empresarias de todo el mundo.
Su misión es apoyar a las mujeres en sus viajes profesionales y facilitar la conexión y el intercambio de información y experiencias entre ellas.
Se destaca por su comunidad de mujeres emprendedoras y profesionales en todas las áreas del negocio, así como su amplia oferta de recursos educativos y herramientas.