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Subida de cuotas 2026: mujeres, hombres y familiares colaboradores. Esto es lo que pienso
Artículo de opinión

No voy a esconder mi posición desde el primer párrafo: la subida del 42% en las cuotas de autónomos societarios y familiares colaboradores me parece una barbaridad. Y no es una frase hecha. Es que cuando uno mira los datos, el perfil de los afectados y las consecuencias reales, no encuentra otra palabra.

Pero lo que más me preocupa no es solo la subida en sí. Es cómo afecta de manera diferente a mujeres, a hombres y a los familiares colaboradores. Porque no es lo mismo. Y el Gobierno parece tratarlo como si lo fuera.

Vamos por partes:

Sobre las mujeres autónomas: las grandes perjudicadas (y no es casualidad)
En mi opinión, las mujeres son las que salen peor paradas de esta medida. Y no porque yo quiera victimizarlas, sino porque los números cantan.

El perfil típico del afectado por esta subida, según la propia ATA, es el de mujer mayor de 50 años, que trabaja como colaboradora en un negocio familiar, en el medio rural. Es decir, justo el perfil que tiene menos ingresos, menos capacidad de negociación y más dificultades para reclamar.

Lo que me indigna especialmente es la paradoja que se genera: el autónomo titular —normalmente su marido— puede seguir cotizando por 1.000 euros (unos 300 € al mes), mientras que ella, como colaboradora, se ve obligada a cotizar por 1.424 euros (435 € al mes). ¿Alguien puede explicarme qué sentido tiene eso?

Porque no es solo injusto económicamente. Es un sinsentido administrativo. Ella ayuda en el mismo negocio, muchas veces a tiempo parcial, sin ser la dueña, y sin embargo paga más que él. La Seguridad Social le exige más a quien menos ingresos tiene y menos poder de decisión.

Mi opinión aquí es rotunda: esto no es un error técnico. Es un error político con sesgo de género. Y duele especialmente porque viene de un gobierno que dice defender la igualdad.

Sobre los hombres autónomos: los olvidados del debate (y también sufren)
Aquí quiero ser honesta. En el debate público, toda la atención se ha ido hacia las mujeres afectadas. Y está bien, porque son mayoría y porque hay una brecha de género evidente. Pero ignorar a los hombres es un error.

Los autónomos societarios hombres también han visto cómo su cuota sube de 300 a 435 euros al mes. Eso son 135 euros. Para un hombre que tiene una pequeña consultoría, un taller o un comercio, eso no es una broma. Es su margen de beneficio. Es lo que puede invertir en mejorar su negocio. O no.

El Gobierno ha creado dos categorías de autónomos. Los de primera (los generales, con cuota congelada) y los de segunda (societarios y colaboradores, con subida del 42%). Dentro de estos segundos, hay hombres y mujeres. Y a todos se les está tratando igual de mal.

Lo que molesta es que los hombres afectados tienen menos voz en este debate. Porque el relato se ha feminizado (con razón en parte), pero eso ha dejado fuera a cientos de miles de hombres que también están pasándolo mal. Y eso no es justo.

Sobre los familiares colaboradores: el colectivo más vulnerable de todos
Si tuviera que quedarme con un solo grupo al que esta medida está machacando, serían los familiares colaboradores. Da igual si son hombres o mujeres. Ellos son los verdaderos damnificados.

¿Por qué? Por varias razones:

No son los dueños del negocio. No toman las decisiones. No controlan los ingresos. Simplemente ayudan.

Muchos tienen ingresos muy bajos o simbólicos. Algunas colaboradoras familiares ni siquiera cobran un sueldo formal; reciben una compensación económica dentro de la unidad familiar.

Y sin embargo, se les exige la cuota más alta. La misma que a un autónomo que factura 50.000 euros al año.

Esto es una salvajada. Y no es un exabrupto. Es una descripción precisa.

Pongamos un caso real. Una mujer que ayuda a su marido en la tienda del pueblo. Él paga 300 euros al mes de cuota. Ella, que trabaja menos horas y aporta menos ingresos, tiene que pagar 435 euros. ¿De dónde saca ese dinero? Pues no lo saca. O lo saca del dinero común de la familia. O directamente da de baja su colaboración.

Y cuando eso pase, el Gobierno dirá que ha bajado el número de autónomos. Pero no será por falta de ganas de trabajar. Será por una mala decisión política.


No me gusta ser injusta. Y por eso quiero reconocer que este Gobierno ha hecho cosas buenas por el emprendimiento femenino. Los 59 millones de euros en préstamos, los microcréditos del Instituto de las Mujeres, el programa Desafío Mujer Rural… todo eso es real y merece reconocimiento.

Pero con esta medida lo están tirando por tierra. Porque de nada sirve una ayuda de 30.000 euros si luego tienes que pagar 1.620 euros más al año solo en cuotas. Porque de nada sirve un programa de mentorización si la estructura de costes fijos se te dispara un 42%.

Mi opinión es que el Gobierno ha sido incoherente. Ha querido hacer dos cosas a la vez: apoyar a los autónomos (congelando las cuotas generales) y cumplir con lo pactado en 2022 (subiendo las de societarios y colaboradores). El resultado es un despropósito que divide al colectivo y castiga a los más débiles.

Los autónomos generales salen ganando.
No puedo terminar sin señalar una ironía. Los autónomos generales —la mayoría— tienen la cuota congelada en 2026. No pagan ni un euro más. Mientras tanto, los societarios y colaboradores pagan 135 euros más al mes.

Esto genera una competencia desleal dentro del propio colectivo. Porque un autónomo general puede tener unos costes fijos más bajos que un autónomo societario con el mismo nivel de ingresos. Y eso no es justo.

El Gobierno quería subir las cuotas a los autónomos societarios y colaboradores, debería haber subido las de todos por igual. O no haber subido ninguna. Pero este sistema de dos velocidades es insostenible.

Mi conclusión final (sin rodeos)
Voy a ser directa.

Primero: La subida del 42% es desproporcionada. 135 euros más al mes para más de un millón de autónomos no es un ajuste menor. Es un mazazo.

Segundo: Las mujeres son las más perjudicadas, especialmente las colaboradoras familiares del medio rural. Y eso tiene nombre: es una política con sesgo de género, aunque no lo parezca.

Tercero: Los hombres autónomos societarios y colaboradores también sufren, pero sus voces se escuchan menos. Y eso también es injusto.

Cuarto: Los familiares colaboradores son el colectivo más vulnerable. No son dueños, no controlan los ingresos, y sin embargo pagan la cuota más alta.

Quinto: El Gobierno puede y debe rectificar. Un Real Decreto-ley con carácter retroactivo desde el 1 de enero de 2026 es la solución. Las asociaciones de autónomos ya lo han pedido. Solo falta voluntad política.

No me gusta escribir artículos solo para quejarme. Pero hay veces que la indignación es el único motor para pedir un cambio. Esta es una de esas veces.

Ojalá el Gobierno rectifique. Por las mujeres autónomas. Por los hombres autónomos. Por los familiares colaboradores. Por todos.

Porque al final, esto no es una cuestión de hombres contra mujeres. Es una cuestión de justicia contra injusticia. Y la balanza, ahora mismo, está inclinada hacia el lado equivocado.

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