Aqui os dejo un breve relato autobiografico con una pequeña mezcla de ficcion, que fue seleccionado de entre mas de 100 historias para formar parte en una antologia en la que solamente pudimos entrar 14 escritores. Espero que sea de vuestro agrado.

EL VALOR DE UNA LUCHA

La luz del día se filtraba sutilmente por las cortinas de su habitación y se podían distinguir las motas de polvo que flotaban en el aire. Lentamente el sol fue perdiendo su fuerza y su brillo, dejando aquella mañana gris y sombría, como su alma. La habitación volvía a estar en penumbra y en silencio, ese silencio opresivo con el que tenía que lidiar cada día.
De nuevo volvió a despertar con aquella angustiosa sensación de que no tenía nada que hacer en este mundo, volvería a ser un día más, no muy diferente a los anteriores, era como un lienzo en blanco, y tenía el poder de pintar algo diferente, pero no tenia colores, solo tenia una gran paleta de tonos grises y negros.
Cada amanecer era como recordar todos los esfuerzos infructuosos que durante todos estos años había intentado hacer para poder llevar una vida normal, pero como siempre todo lo que proyectaba era totalmente inútil, sentía que no había esperanzas para ella, ni siquiera tenía sueños que cumplir, definitivamente sentía que no tenía un futuro.
Se sentía rechazada, incomprendida, y en su cabeza solo podía escuchar las risas, las burlas, los reproches y las críticas de todo el mundo. Nunca comprendió el porqué de ese rechazo colectivo, cuando ella siempre había estado pendiente de todos, familia, amigos…
Con los años llegó a entender que simplemente la utilizaban para beneficio de ellos, y lo peor es, que con el tiempo volvían a buscarla nuevamente, y ella volvía a tenderles su mano cuando lo necesitaban, no podía evitarlo, aunque en el fondo sabía que una vez que ya no les sirviese, la volverian a apartar de nuevo, pero no podía luchar en contra de su naturaleza, incapaz de albergar un sentimiento de odio o rencor hacia nadie.
Y así se sentía como un pequeño y minúsculo barco a la deriva, sin timón, ni ancla y perdido en un infinito mar de desesperanza, intentando sobrevivir a todas las tormentas internas de su mente.
Las horas del reloj seguían corriendo, para ella era un alivio… cada minuto consumido, era menos tiempo que le quedaba por vivir. Y así volvió a caer la noche sin apenas darse cuenta.
La tristeza en sus ojos era evidente, algo estaba roto dentro de ella, su mirada vacía recorría la estancia, tal vez buscando una vía de escape. De repente se detuvo en aquel ventanal grande por el que tantas veces había mirado al infinito.
Vio a lo lejos como su marido aparcaba el coche y sus cimientos volvieron a temblar bajo sus pies.
Fuera estaba diluviando, las gotas golpeaban con rabia los cristales, a un ritmo constante que se sincronizaban de una manera casi perfecta con los acelerados latidos de su corazón. Ya no podía más. Aquel hombre entró en casa dando voces como siempre. Bajó la mirada y se sentó en aquel viejo sillón de piel, esperando y observando cada uno de sus movimientos expectante, aunque ella solamente veía oscuridad y sombras, desde hacía mucho tiempo, vivía entre ellas. Sus insultos y gritos no se hicieron esperar y pronto el puño cerrado de aquel malnacido cayó con toda la fuerza sobre su cara una y otra vez.
¿ Qué mierda de cena es esta? ¿ En serio pretendes que me coma esta bazofia?
Te hice una crema de verduras y un chuletón con su guarnición. Como a ti te gusta, poco hecho.
¡¡ A mí no me contestes !! ¿ Quién te has pensado que eres?
Yo…
¡¡ Cállate zorra !!
Cerró los ojos, mientras volvía a golpearla, dejando que sus lágrimas se mezclaran con la sangre que brotaba de su frente y recorrieran cada una de las arrugas que había acumulado en su rostro con el paso de los años.
Era inevitable, su lucha interna no cesaba, y por más que lo intentaba no encontraba el camino ansiado, aunque a veces tomaba la decisión de coger atajos, pero aquellos tampoco le llevaron nunca a ningún lado y se compadeció de ella misma una vez más, pensando que tampoco servía para aquello. Una inútil incapaz de llevar a cabo cualquier cosa que se propusiera, eso es lo que le azotaba su frágil y debilitada mente cada nuevo día al despertarse al lado de aquel monstruo.
Corrió hacia el balcón, intentando huir de los golpes incesantes de su marido que enseguida le dio alcance, de un golpe la dejó tendida en el suelo, mientras le propinaba patadas por todo el cuerpo. Ella gritaba pidiendo compasión, suplicando que parase, pero era inutil.
Dejala hijo de ****, baja aquí y métete conmigo si tienes huevos ****. Que sepas que la policía viene de camino.
¿Acaso crees que me importa payaso? Que vengan, pero ya será demasiado tarde para ella.
Vale, tú ganas. Vamos a tranquilizarnos todos, suéltala por favor, vamos a hablar todo tiene solución.
Por supuesto y voy a ponerle punto y final de una vez por todas.
La cogió por el cuello y la levantó del suelo con una fuerza desmesurada, y apoyándola contra la barandilla apretó con las manos su garganta con todas sus fuerzas. Ella intentaba zafarse de su agresor, apenas se podía tener en pie, y aún así, sin apenas fuerzas y sin aliento, intentaba defenderse como podía.
Dejó que aquella tormenta la envolviera en aquella oscuridad que realmente reflejaba su alma, tenía la sensación de estar al borde de un precipicio lleno de toda la rabia, el dolor y el miedo que la acompañaba desde que era una niña.
La lluvia cada vez era más fuerte y golpeaba con violencia su rostro ensangrentado… Los truenos eran como un rugido sordo y profundo, y el viento silbaba azotando las ventanas con ferocidad. Aquellos sonidos la transportaban a esos momentos sufridos en los que los gritos, las burlas y los golpes la acompañaron en su día a día durante toda su infancia y juventud. Todo retumbaba en su mente volviéndola a torturar una y otra vez.
La tormenta seguía rugiendo con furia, era la misma furia que se agitaba en su interior, sentía como si alguien estuviera tratando de arrastrarla a una oscuridad profunda eternamente. Era consciente de que ese alguien era ella misma que saboteaba un día tras otro su mente y que al mismo tiempo intentaba liberarse de unas cadenas que le arrastraban hasta lo más profundo…
De repente se empezaron a oír las sirenas de la policía acercándose, los gritos de la gente que poco a poco se agolpaban en la calle ante aquel espectáculo dantesco.
¡¡ Alto, policía!! ¡Sueltala y aléjate poco a poco con las manos en alto !
Solo la soltaré cuando deje de respirar.
¡ Alto! ¡ policía! ¡Déjela ir! ¡ No se resista! ¡ Quédese quieto y ponga las manos donde yo las pueda ver! ¡ No se mueva!
NOOOOOOOOOO.
¡ Alto! ¡ policía! ¡Déjela ir! ¡ ÚLTIMO AVISO!
Se oyó un disparo, pero aquel individuo se negaba a soltarla, luego se escucharon dos más y de repente empezó a tambalearse y se precipitó al vacío quedando tendido en el asfalto rodeado de un gran charco de sangre.
Ella se quedó petrificada, confusa, todavía no entendía qué es lo que acababa de suceder. Por un momento miró el cuerpo inerte de su marido allí tirado y se volvió a sentir prisionera, atrapada en una espiral de dolor y miedo, y de donde no podía salir por mucho que lo intentará. No sabía el camino, estaba perdida. Se metió dentro pensando que había sido ella la culpable de lo sucedido y en medio de aquella feroz tormenta se acercó a una de las ventanas y con sus manos arrugadas y temblorosas, la abrió lentamente. Cerró sus ojos, no quería abrirlos, respiraba profundamente, mientras su pasado volvió a cubrirla, como si de un manto pesado se tratase, pero hasta ahora ese había sido su refugio, ese refugio lleno de oscuridad en el que prefería hundirse antes de enfrentarse a un futuro sin sentido, y se fue acercando poco a poco dejando que la lluvia cayera sobre su cara de nuevo. Por un momento encontró un poco de calma y por un instante se sintió libre. De repente tenía la impresión de que aquella tormenta estaba lavando sus lágrimas y se llevaba con ella su dolor y algo en su frágil mente hizo CRACK.
Notó que alguien tiraba de ella hacia dentro y la abrazaba fuertemente mientras la tranquilizaba. En unos minutos toda la casa se llenó de gente y se la llevaron de allí para ser atendida.
Le llevó bastante comprender lo que había sucedido allí aquel día, pero al final, y con el tiempo, encontró la manera de poder liberarse de toda aquella carga que era su pasado y empezar a sanar y luchar… Por fin era libre.

De todo se sale, por muy difícil que creamos que se nos presenta la vida, siempre hay una salida. Hay que buscar ayuda y sobre todo luchar, lucha por ti, por un futuro, TU FUTURO.